| Los Atributos del Nombre de Dios (parte 2) |
29 Junio 2007 |
B. JESUCRISTO, Nuestro Sanador:
Toda bendición que recibimos de Dios viene a través de la victoria de Cristo en el Calvario. Esto incluye la sanidad divina. La palabra sacrificio expiatorio significa restaurar la unidad del hombre con Dios. El propósito es restaurar todo lo que el hombre perdió como resultado de la Caída. Una de las cosas que perdió fue la salud. Así que, la salud fue restaurada por medio del sacrificio expiatorio de Jesús.
1. Sanidad A Través Del Sacrificio Expiatorio
El pecado y la enfermedad son la doble maldición que recayó sobre toda la humanidad. Jesús proveyó una cura doble para una maldición doble. Isaías 53 nos relata una historia muy clara al respecto.
"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores" (Is 53:4). Diversos eruditos han señalado que el término Kholee, cuyo significado es "Dolores", (en algunos idiomas) es traducido la mayoría de las veces como "enfermedades". Se deriva de la palabra Chalah, que significa estar "débil, enfermo o afligido". Además, la palabra o vocablo Makob, que significa "pesares", es generalmente traducido "dolores".
Con esto en mente, podemos entender el comentario de Mateo sobre Isaías 53:4: "El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias" (Mt 8:17). La interpretación de Mateo es más correcta, sosteniendo el hecho de que la sanidad física se recibe a través del sacrificio expiatorio de Cristo.
Hay dos verbos en Isaías 53:4 que tienen un gran significado. El primero es "llevó" (en hebreo = nasa), que es el mismo verbo usado en Isaías 53:12: "Habiendo él llevado el pecado de muchos".
Puesto que el mismo verbo es usado en ambos versículos, entendemos que Cristo "llevó" nuestras enfermedades de la misma manera en la que llevó nuestros pecados, al sufrir en nuestro lugar. Esto es también cierto con relación a nuestras enfermedades. Cristo lo sufrió por nosotros.
Debido a que llevó mis pecados en mi lugar, hoy estoy libre de ellos. Cristo llevó tanto nuestros pecados como nuestras enfermedades sobre Sí mismo; por consiguiente, hay perdón y sanidad para todos los que la reciban por fe.
El segundo verbo es "llevado" (en hebreo cabal), que puede significar ‘llevar algo como un castigo'. Es usado en Isaías 53:11 como sigue: "Y llevará las iniquidades de ellos". En ambos casos se usa el mismo verbo hebreo con relación a nuestros pecados y enfermedades.
La conclusión gloriosa es que si Cristo llevó el castigo o condena por mis pecados, entonces, no tengo por qué llevarla. Si Él llevó mis enfermedades, no tengo por qué llevarlas sobre mi cuerpo.
2. La Sanidad Fue Comprada En El Calvario
Somos justificados al creer que el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz provee el remedio perfecto para el hombre en su aspecto total, espíritu, alma y cuerpo. Cristo compró la perfección de la humanidad a través de Su muerte.
El Nuevo Testamento griego confirma la conclusión de que nuestra redención en Cristo incluye la sanidad al igual que el perdón.
El verbo común para ‘salvar' es ‘sozo', que comunica la idea de integridad o sanidad perfecta. La palabra traducida como ‘salvo' en Romanos 10:9: "...serás salvo" es la misma palabra que es traducida ‘sano' en Marcos 6:56. "...y todos [los enfermos] los que le tocaban [a Cristo] quedaban sanos". El término ‘sozo' es usado en ambos versículos.
Ningún cristiano negaría que Sus sufrimientos todavía expían nuestros pecados. ¿Por qué, entonces, imaginar que la sanidad divina no es para nuestra época?
Puesto que Él fue un Dios sanador en el Antiguo Testamento, aún lo sigue siendo en nuestros días. Todavía es Jehová-Rafá, el Dios que te sana, porque no cambia. Él es un Dios consistente. Su carácter, naturaleza y disposición son inmutables. Por lo tanto, Su voluntad es también inmutable.
3. El Ministerio De Sanidad De Cristo
Jesucristo mismo es nuestro mejor ejemplo del ministerio de sanidad. La verdadera naturaleza y corazón de Dios se ven más claramente en Jesucristo.
Felipe solicitó: "Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre" (Jn 14:8-12).
Este pasaje nos enseña que Jesús vino para mostrarnos lo que Dios es en Su naturaleza inmutable a través de Su ministerio y vida. Jesús nos muestra que está interesado en la naturaleza total del hombre.
Sanó cuando se necesitaba sanidad. Alimentó a la multitud cuando estaba necesitada de alimentos. Mostró el amor del Padre por el hombre tal y como había sido creado, en espíritu, alma y cuerpo.
Aprendemos además algo acerca de cómo Jesús evaluó Sus milagros. Para Él, los milagros confirmaban la verdad de Sus palabras.
También somos animados a creer en el poder sanador de Cristo en nuestro ministerio de sanidad divina. Pues Él dijo: "El que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también".
continuará...
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